Bronchitis and rearranging

A pesar de que fui una bebé y una niña que se enfermaba bastante (a los ocho meses supe lo que es “tos”), las enfermedades han sido parteaguas en mi vida.

Aquella vez que casi muero por un agujero en el estómago o cuando despertaba ahogándome por reflujo, fueron momentos de reflexión obligada. Este fin de semana se unió a la fiesta del Super Bowl, una dosis de azitromicina al medio día, dos sueros, media tableta de metroprolol y una inhalada de bromuro de ipratropio.

Me tumbó la bronquitis y las ganas de hacerlo todo perfecto. Otra vez. 

Las ganas de hacerlo todo que generalmente me llevaban a hacer nada por la parálisis de ansiedad y el scrolling incontrolado. No puedo decir que ya definitivo pero lo siento como definitivo. Aunque no me crea.

Necesito dejar ir… y me estoy esforzando tanto porque esto suene a cliché que ya no me importa. Porque por algo son cliché las cosas, ¿no? Y si no pues tampoco me importa saberlo. Así súper chiclé (sic) lo estoy haciendo, estoy soltando. Preocupaciones, tareas, desamores, expectativas, organizaciones por color y tipo, horas de la mañana. Voy a terminar este té de manzanilla con miel mientras esté caliente para variar y me voy a enviciar con Downton Abbey. Trabajaré cuando deba y cuando pueda, sobreviviré hoy porque eso se hace cuando tienes un toddler, un preadolescente y dos trabajos. 

Este fin de semana vi como mi casa no se destruyó mientras yo estaba en cama nerviosa por Anna y Mary, tomando agua como nunca en mi vida y tosiendo a mi ritmo para no desmayarme. No tengo que partirme la vida para que la vida siga. La vida sigue y hay tanto por oler (que ahora mismo no puedo hacer), tanto que abrazar, tanto que comer… (ya me volvió el apetito muchas gracias) un pan de calabaza casero y los tés con más miel de la que soportaría en mi estado normal fueron mi salvación, junto con el “yo sé que estás enojada…” de mi hijo mayor a su hermana terrible dos.

No estoy esforzándome por ser mejor, eso es mi estándar. Hoy no dejo que la perfección me consuma. No sé si quiera si soy yo quien escribe o si es esta congestión que fatiga. Pero como cuando solamente hay agua fría en la regadera… lo más vital nomás, lo que es necesidad nomás…

Espero que la taquicardia no me regrese a ese estado de contemplación y análisis de cómo la hipocresía puede ser tan buena y tan conveniente.

Comentarios

Entradas populares